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KATYN: PARACUELLOS EN POLONIA

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La verdad es que Katyn no podía ser más honesta. Por ceñirse a la realidad, tiene que huir de toda proclama anticomunista, de todo espectáculo. Por respeto a la verdad.

La película arranca con una escena inmejorable: los refugiados polacos a ambos lados del puente: unos huyen de los alemanes. Los otros, de los rusos. Pero no piense el lector accidental que nos enfrentamos a una película de grandes hechos. Katyn no es cine espectáculo. Es un repaso historiográfico a través de los ojos de varios personajes corrientes, sobre el impacto de la guerra en Polonia.

La gran virtud de la película es su rigor. Su gran defecto, que ése mismo rigor impide el espectáculo. Katyn, lejos de estar hecha a la medida de ninguna posición política, se ve con interés, y propone un conflicto genuino: una serie de mujeres buscan a sus familiares desaparecidos, chocando de bruces con una administración que hace de todo para negar los hechos.

La película se despliega muy bien, y el enfoque múltiple es realmente coral, confluyendo todos los caminos en un día y un lugar. Los datos nuevos se van revelando a un ritmo tranquilo y sin pausa, y el gran trabajo del diseño de producción llena todo el metraje en el trabajo más ingrato de todos: el de pasar desapercibido. Así, las localizaciones y decorados, así como el vestuario e incluso el atrezzo, son tratadas por la cámara con absoluta naturalidad.

Katyn es una película para sentarse con tranquilidad a que le cuenten una buena historia, llena de detalles, hecha con paciencia de buen tejedor. Carente de sentimentalismo, no niega cierta emocionalidad a los personajes, pero en sus actitudes serenas se lee la tragedia minuto a minuto. No necesita convencer con victimismo, prefiere mantener la dignidad y contar la verdad, sin gancho ni aderezo. Tres mujeres contra la administración. Katyn es una película de la que uno sale noqueado.

Como vimos Ágora la semana pasada, no nos resistimos a hacer comparaciones maliciosas. Como ambas le hincan el diente a hechos históricos de los que tenemos pocos datos, y las he visto casi seguidas, no he podido evitarlo.

Y es que, si un guionista tuviera miedo de no convencer con la verdad pura y dura, podría inventarse, no sé, que en Katyn desapareció un tipo que estaba a punto de inventar la física cuántica a unos niveles desconocidos aún hoy, o que un malvado comunista de la administración, que escupe cuando habla sus soflamas socialistas, abusa sexualmente de la pobre mujer que sólo quiere saber dónde está enterrado su marido.

Nada más lejos de la realidad, Wajda se aproxima a la historia con el respeto que la ocasión merece, sin discursos grandilocuentes, sin poses heróicas ni grandes actos, y consigue una respuesta emocional con una película fría y terrible, que cuenta la verdad. Porque, a medida que la película se revela, resulta descorazonador ver a esa pobres mujeres insistiendo humildes un día tras otro, encontrando siempre al final de cada pista un callejón sin salida.

Sin maniqueísmo ni caracterizaciones útiles, logra Wajda una película en la que el bien y el mal se significan sin ningún género de duda.

Vayan a ver Katyn, una película donde se enseñan cosas que sí ocurrieron.

Wikipedia Masacre de Katyn

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